martes, 4 de octubre de 2011

Fueron homosexuales David y Jonathan?



Hace algún tiempo, en el curso de un debate en el Parlamento israelí, una diputada partidaria de reconocer los derechos de los gays trajo a colación la relación que mantuvieron los personajes bíblicos David y Jonatán. El escándalo no se hizo esperar. La diputada se había atrevido a afirmar, ni más ni menos, que el rey David -la figura más importante de la historia judía junto al legislador Moisés y el patriarca Abraham- fue, por lo menos en un momento de su vida, homosexual.

Rabinos, curas y profesores de la Biblia siempre han presentado la relación entre David y Jonatán como paradigma de la más bella y profunda amistad que pueda unir a dos personas. Sin embargo, y sin que ello riña con lo anterior, algunos párrafos del texto bíblico invitan a imaginar que entre ambos personajes pudo haber además un sentimiento amoroso, aunque éste se hubiera quedado en el terreno de lo platónico.

Todo empezó, cuando David, a la sazón un jovencísimo pastor de la tribu de Judá, mató con una piedra de su honda a Goliat, el gigante filisteo que tenía amedrentado al ejército israelita. Admirado por la hazaña del muchacho, el rey Saúl lo hizo traer a su presencia para conocerlo. Al concluir el encuentro –cuenta la Biblia-, "el alma de Jonatán (hijo del monarca) se apegó a la de David y le amó Jonatán como a sí mismo. Jonatán hizo pacto con David, pues le amaba como a su alma, y quitándose el manto que llevaba, se le puso a David, así como sus arreos militares, su espada, su arco y su cinturón".

A partir de ese momento se desarrolló una intensa relación entre ambos muchachos, que no se vio interrumpida por el matrimonio de David con Micol, hija del rey Saúl. La solidez de la relación se puso a prueba cuando el monarca, celoso de la creciente popularidad de David por sus proezas guerreras, decidió deshacerse de él. Enterado de los siniestros planes de su padre, Jonatán salvó una y otra vez el pellejo de su amigo, ya fuera intercediendo ante el rey para que aplacara su rencor o ayudando a David a escapar de celadas.

Un día, mientras se encontraba huyendo de las iras del rey, David llamó a Jonatán y trazaron un plan para saber de una vez por todas qué sentimiento albergaba el mudable monarca hacia su yerno. El plan era muy simple: al día siguiente era el novilunio, fiesta religiosa que marcaba el comienzo de cada mes. David, que de acuerdo con el protocolo debía sentarse a la mesa junto al rey, no acudiría a la ceremonia. En caso de que el monarca echara en falta su presencia, Jonatán le diría: "David me pidió poder ir con premura a Belén. Me dijo: Te ruego que me des permiso para ir, pues tenemos mañana en la ciudad un sacrificio de familia." Si el rey aceptaba de buena gana la explicación, significaba que su rencor había amainado. Por el contrario, si se enfurecía, era señal de que la vida de David aún corría peligro. Jonatán comunicaría cualquier novedad a David en un sitio convenido por ambos.


Airado por las palabras de su hijo, Saúl blandió su lanza de contra él para herirlo, y Jonatán ya no tuvo ninguna duda de que su padre estaba decidido a acabar con la vida de David. Así que a la mañana siguiente fue al campo, al lugar convenido con su amigo, y le contó todo lo que había sucedido, tras lo cual David huyó definitivamente, no sin antes despedirse de Jonatán en una escena bastante emotiva.

¿Qué quiso decir el rey Saúl cuando reprochó a su hijo que "prefieres al hijo de Isaí para vergüenza tuya y vergüenza de la desnudez de tu madre?" Puede ser, sencillamente, que el monarca sentía herido su orgullo de padre porque Jonatán se había puesto de lado de David, e insultó a su hijo con las primeras palabras que se le vinieron a su recalentada cabeza. Sin embargo, la utilización de la fórmula "para vergüenza de la desnudez de tu madre" sugiere que Saúl había descubierto o intuía algo grave en la relación de su hijo con David, ya que esos giros verbales solían aplicarse en el contexto de prohibiciones sexuales. Así, en su regulación sobre el incesto, el código levítico señala: "No descubrirás la desnudez de la mujer de tu padre."

Más adelante, al enterarse de la muerte del rey Saúl y Jonatán en la batalla de Gelboé, David compuso una dolida elegía para ambos. En ella dedica a Jonatán unas palabras cargadas de pasión, que han servido para reforzar el argumento de quienes especulan que entre ambos personajes hubo un sentimiento amoroso. Dada la belleza del poema, vale la pena transcribirlo en su totalidad:

Tu gloria, Israel, ha perecido en tus montes;
¿Cómo cayeron los héroes?
No lo propaléis en Gat,
no lo publiquéis por las calles de Ascalón;
que no se regocijen las hijas de los filisteos
y no salten de júbilo las hijas de los incircuncisos.
¡Montes de Gélboe!
No caiga sobre vosotros ni rocío ni lluvia,
ni seáis campos de primicias,
porque allí fue abatido el escudo de los héroes,
el escudo de Saúl, como si no fuera ungido con el óleo,
sino con la sangre de los muertos, la grasa de los valientes.
El arco de Jonatán jamás retrocedía,
la espada de Saúl nunca volvía de vacío.
Saúl y Jonatán, amados y queridos,
inseparables en vida,
más ágiles que las águilas,
más fuertes que los leones.
Hijas de Israel, llorad por Saúl,
que os vestía deliciosamente de escarlata,
y colgaba adornos de oro sobre vuestros vestidos.
¿Cómo han caído los héroes en medio de la batalla?
¿Cómo fue traspasado Jonatán en las alturas?
¡Angustiado estoy por ti, Jonatán, hermano mío!
Me eras carísimo.
Y tu amor era para mí dulcísimo,
más que el amor de las mujeres.
¿Cómo han caído los héroes?
¿Cómo han perecido las armas del combate?

El antepenúltimo verso, así como los pasajes antes citados, dan mucho que pensar sobre el tipo de unión que mantuvieron el héroe israelita y Jonatán.

Tomado de: Schwartz, Marco. Los amores en la Biblia, editorial Planeta DeAgostini, S. A., 2003, 303 pp.
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